Blog Familia y codependencia
Hijos adultos de alcohólicos: la huella que deja crecer con una adicción en casa
No hablar, no confiar, no sentir: las reglas que se aprenden en una casa con alcoholismo se siguen cumpliendo muchos años después. Reconocerlas es el primer paso para cambiarlas.
Muchas personas llegan a mi consulta por ansiedad, por problemas de pareja o porque no pueden dejar de hacerse cargo de todo. Al tirar del hilo, aparece a menudo la misma historia: un padre o una madre que bebía. A veces se habla de ello con total naturalidad, como algo del pasado que «ya está superado». Y sin embargo, esa infancia sigue presente en cómo esa persona quiere, trabaja, confía y se trata a sí misma.
Las tres reglas no escritas
La terapeuta Claudia Black, pionera en este campo, describió a principios de los años ochenta tres reglas que suelen regir en las familias con alcoholismo: no hables, no confíes, no sientas. No hablar de lo que pasa en casa, ni dentro ni fuera. No confiar en que los adultos vayan a estar disponibles o a cumplir lo que prometen. Y no sentir, porque el miedo, la rabia o la tristeza no tenían sitio. Son reglas que sirvieron para sobrevivir de niño, pero que en la vida adulta se convierten en un problema.
Los papeles que se reparten
En estas familias los hijos suelen asumir papeles que ayudan a mantener un equilibrio precario. La terapeuta Sharon Wegscheider-Cruse los describió así:
- El héroe: responsable, brillante, el que saca buenas notas y sostiene a todos. De adulto, a menudo perfeccionista y agotado.
- El chivo expiatorio: el que se mete en problemas y concentra la atención, desviándola del verdadero conflicto.
- El niño perdido: el que no molesta, se retira a su cuarto y pasa desapercibido.
- La mascota: el gracioso, el que alivia la tensión con humor.
Nadie elige su papel, y muchas personas se reconocen en más de uno. Lo importante es darse cuenta de que fue una respuesta a una situación, no una identidad.
Rasgos frecuentes en la vida adulta
A partir del trabajo de Janet Woititz, que en 1983 publicó uno de los libros de referencia sobre el tema, y de lo que veo cada día en consulta, estos son algunos rasgos habituales:
- No saber muy bien qué es «normal» en una familia o en una pareja.
- Juzgarse sin piedad y sentir que nunca es suficiente.
- Dificultad para relajarse y divertirse; tomarse todo muy en serio.
- Necesitar la aprobación de los demás y temer mucho la crítica.
- Sentirse responsable de todo y de todos, o justo lo contrario.
- Reaccionar con mucha ansiedad ante los cambios que no se pueden controlar.
- Dificultad para confiar y para la intimidad.
- Una lealtad extrema, incluso hacia quien no la merece.
- Sentirse diferente de los demás.
Muchos de estos rasgos coinciden con la codependencia, y no es casualidad: es en esas casas donde se aprende a vivir pendiente del otro.
El riesgo de repetir
Los hijos de personas con alcoholismo tienen un riesgo mayor de desarrollar ellos mismos un problema con el alcohol u otras sustancias, por una mezcla de factores genéticos y de lo aprendido. También es frecuente acabar en pareja con alguien que bebe o con dificultades parecidas, porque lo conocido, aunque haga daño, resulta familiar. Esto no es un destino. Es una información valiosa para estar atento y cuidarse.
Cómo se trabaja
- Poner palabras a lo que pasó, sin minimizarlo y sin quedarse atrapado en ello. Romper el «no hables» ya es sanador.
- Reconocer los patrones que se repiten hoy: en la pareja, en el trabajo, con los propios hijos.
- Aprender a sentir y a expresar lo que se siente, empezando por emociones que estuvieron prohibidas.
- Construir una voz interior más amable. Hablo de ello en cómo mejorar la autoestima.
- Revisar la relación actual con los padres, con límites que protejan, estén o no en recuperación.
Los grupos de apoyo también ayudan mucho: Al-Anon, y en especial los grupos de Hijos Adultos de Alcohólicos (ACA), que tienen reuniones en español y en línea. Escuchar a otros contar tu propia historia con otras palabras es una experiencia muy potente.
Una de las cosas que más he visto a lo largo de los años es que las personas que crecieron así tienen una capacidad enorme de resistencia, de empatía y de trabajo. Se trata de que esas fortalezas dejen de estar al servicio de la supervivencia y empiecen a estar al servicio de tu vida. Si quieres empezar, puedes ver cómo trabajo la codependencia o pedir una valoración gratuita.
Este artículo es divulgativo y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional.