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Adicción a medicamentos recetados: cuando el tratamiento se convierte en problema
Empieza con una receta legítima: una operación, un dolor de espalda, un insomnio tras una pérdida. Por eso cuesta tanto verlo. Señales y cómo dejarlos sin riesgo.
La dependencia a medicamentos recetados casi siempre empieza de forma legítima. Una operación, una lesión de espalda, una temporada de insomnio después de una pérdida, un ataque de pánico. Un médico receta algo que ayuda, y ayuda de verdad. El problema es que «me lo recetó el médico» hace que cueste mucho más ver cuándo el tratamiento se ha convertido en otra cosa.
Los tres grupos que más problemas dan
- Analgésicos opioides: oxicodona, hidrocodona, codeína, tramadol, morfina o fentanilo. Muy eficaces contra el dolor intenso y con un alto potencial de dependencia.
- Sedantes y tranquilizantes: las benzodiacepinas, como el alprazolam (Xanax), el clonazepam (Klonopin), el lorazepam o el diazepam, y los hipnóticos para dormir, como el zolpidem.
- Estimulantes: los que se recetan para el TDAH, como las anfetaminas (Adderall) o el metilfenidato, que a veces se usan sin receta para estudiar o rendir más en el trabajo.
Dependencia física no siempre es adicción
Conviene distinguir dos cosas. Con algunos medicamentos, tomados exactamente como se recetan, el cuerpo se acostumbra y aparecen tolerancia y síntomas al dejarlos: eso es dependencia física, y no te convierte en adicto. La adicción es otra cosa: perder el control sobre el consumo y seguir tomándolo aunque te esté haciendo daño. Las dos situaciones merecen atención médica, pero no son lo mismo.
Señales de alerta
- Tomas más dosis, o más a menudo, de lo que te indicaron.
- Se te acaba la receta antes de tiempo.
- Acudes a varios médicos o urgencias para conseguir más.
- Usas pastillas recetadas a otra persona.
- Las tomas por su efecto emocional: para calmarte, para aguantar el día o para «no sentir».
- Las mezclas con alcohol.
- Te preocupa mucho quedarte sin ellas y organizas tu vida en torno a tenerlas.
- Las personas cercanas notan cambios en tu humor, tu memoria o tu comportamiento.
Nunca los dejes de golpe
Este es el mensaje más importante del artículo. Dejar de golpe las benzodiacepinas tras un uso prolongado puede provocar convulsiones y otros síntomas graves: la retirada debe hacerse de forma gradual y supervisada por un médico.
Con los opioides, la abstinencia es muy dura (dolores, diarrea, sudor, ansiedad, insomnio) y dispara el riesgo de volver a consumir. Existen medicamentos para el trastorno por consumo de opioides, como la buprenorfina, la metadona o la naltrexona, que son eficaces y reducen la mortalidad. No es «cambiar una droga por otra»: es un tratamiento médico reconocido, y se puede combinar con terapia.
Pastillas falsas y fentanilo
Las pastillas que se consiguen fuera de la farmacia, en la calle o a través de redes sociales, pueden ser falsificaciones que parecen idénticas a las originales y contienen fentanilo, un opioide muchísimo más potente. Las autoridades estadounidenses llevan años alertando de ello. Si alguien de tu entorno consume opioides, ten naloxona en casa: se vende sin receta en las farmacias y puede revertir una sobredosis.
Mezclas peligrosas
Combinar opioides, benzodiacepinas y alcohol es especialmente peligroso, porque los tres deprimen la respiración y sus efectos se suman. Muchas sobredosis se producen así, incluso con dosis que por separado se toleraban.
Cómo lo trabajamos
La recuperación de la dependencia a medicamentos se hace en equipo. Mientras el médico se ocupa de la pauta de retirada o del tratamiento farmacológico, en terapia trabajamos lo que hay debajo: el dolor que no se fue, la ansiedad, el insomnio o el duelo que la pastilla tapaba. Aprendemos herramientas nuevas para dormir, para calmar la ansiedad y para prevenir recaídas.
Si quieres información inmediata, la línea de SAMHSA, 1-800-662-4357, es gratuita, confidencial y atiende en español las 24 horas. Y si quieres saber cómo trabajo, lo explico en la página de dependencia a medicamentos.
Este artículo es divulgativo y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional.