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Señales de que tu forma de beber se ha convertido en un problema
No hace falta beber todos los días ni «tocar fondo» para tener un problema con el alcohol. Estas son las señales que conviene mirar de frente.
Casi nadie llega a mi consulta diciendo «soy alcohólico». Lo que suelo escuchar es otra cosa: «creo que últimamente bebo un poco más de la cuenta», «mi mujer dice que exagero, pero me ha dejado preocupado», «entre semana no, pero el fin de semana se me va de las manos». La frontera entre beber de forma social y tener un problema no la marca solo una cifra. La marca, sobre todo, el lugar que el alcohol ha empezado a ocupar en tu vida.
¿Cuánto es demasiado?
Conviene empezar por los números, porque ayudan a situarse. En Estados Unidos, una bebida estándar contiene unos 14 gramos de alcohol puro: una cerveza de 12 onzas (5 %), una copa de vino de 5 onzas (12 %) o un trago de 1,5 onzas de licor de 40 grados, como el ron o el whisky.
El Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo (NIAAA) considera consumo elevado, en hombres, tomar más de 4 bebidas en un día o más de 14 a la semana; en mujeres, más de 3 en un día o más de 7 a la semana. Y habla de binge drinking, o consumo intensivo, cuando se toman unas 5 bebidas (hombres) o 4 (mujeres) en torno a dos horas.
Estos datos son una referencia, no un diagnóstico. Hay personas que beben por debajo de esas cifras y ya sufren consecuencias, y otras que las superan sin darse cuenta porque las copas «de casa» suelen ser bastante más generosas que una bebida estándar.
Las señales que veo en consulta
Los profesionales usamos una serie de criterios para valorar si existe un trastorno por consumo de alcohol. Dicho en lenguaje de todos los días, estas son las preguntas que merece la pena hacerse sobre los últimos doce meses:
- ¿Has bebido más cantidad, o durante más tiempo, de lo que tenías pensado?
- ¿Has intentado reducir o dejarlo, y no lo has conseguido?
- ¿Pasas mucho tiempo bebiendo, consiguiendo alcohol o recuperándote de sus efectos?
- ¿Sientes un deseo intenso de beber, tanto que te cuesta pensar en otra cosa?
- ¿Has dejado de cumplir con el trabajo, los estudios o la familia por beber o por la resaca?
- ¿Sigues bebiendo aunque te esté causando problemas con tu pareja, tus hijos o tus amigos?
- ¿Has abandonado actividades que antes te importaban?
- ¿Te has puesto en situaciones de riesgo, como conducir, después de beber?
- ¿Sigues bebiendo aunque notes que empeora tu ánimo, tu ansiedad, tu sueño o tu salud?
- ¿Necesitas beber bastante más que antes para notar el mismo efecto?
- Cuando se pasa el efecto, ¿notas temblores, sudor, ansiedad, náuseas o insomnio que se calman al volver a beber?
Con dos o tres respuestas afirmativas ya se habla de un trastorno leve; con cuatro o cinco, moderado; con seis o más, grave. No es una etiqueta para avergonzar a nadie: sirve para dimensionar el problema y elegir la ayuda adecuada.
Cuatro preguntas rápidas
Hay un cuestionario muy breve, conocido como CAGE, que se usa desde hace décadas como primer filtro:
- ¿Has sentido alguna vez que deberías beber menos?
- ¿Te ha molestado que la gente critique tu forma de beber?
- ¿Te has sentido mal o culpable por beber?
- ¿Alguna vez lo primero que has hecho por la mañana ha sido beber, para calmar los nervios o quitarte la resaca?
Dos o más respuestas afirmativas no son un diagnóstico, pero sí una razón seria para hablarlo con un profesional.
Las señales que no se ven desde fuera
Algunas de las pistas más claras no las nota nadie más, porque ocurren por dentro:
- Te pones reglas y te las saltas: «solo cerveza», «solo los fines de semana», «nunca antes de las seis».
- Organizas el día alrededor de la bebida, o te incomodan los planes donde no la habrá.
- Bebes antes de salir, escondes botellas o restas copas cuando alguien pregunta.
- Necesitas el alcohol para dormir, para relajarte después del trabajo o para calmar la ansiedad. Si te pasa esto último, te recomiendo leer también cuándo la ansiedad deja de ser normal.
- Te despiertas sin recordar partes de la noche anterior.
Un aviso importante antes de dejarlo de golpe
Si bebes a diario y en cantidad, no cortes de un día para otro sin hablar antes con un médico. La abstinencia de alcohol puede ser peligrosa: además de temblores, sudoración y ansiedad, en algunos casos provoca convulsiones o un cuadro grave llamado delirium tremens. Una desintoxicación con supervisión médica evita esos riesgos. No lo digo para asustar, sino para que el primer paso se dé con seguridad.
Qué puedes hacer hoy
- Apunta durante dos semanas lo que bebes, cuándo y cómo te sentías antes. Es la manera más honesta de ver el patrón.
- Háblalo con alguien de confianza. Decirlo en voz alta ya cambia algo.
- Pide una valoración profesional. En mi consulta, la valoración inicial es gratuita y confidencial; sirve para ver dónde estás y qué opciones tienes, sin compromiso.
- Si la persona que bebe es alguien a quien quieres, aquí explico cómo ayudar a un familiar con una adicción.
También puedes llamar a la línea nacional de ayuda de SAMHSA, el 1-800-662-4357: es gratuita, confidencial, funciona las 24 horas y atiende en español.
Si quieres saber cómo trabajo este tema, lo explico en la página de terapia para la dependencia al alcohol. Y recuerda: no hace falta tocar fondo para pedir ayuda. Cuanto antes se mira, más fácil es el camino de vuelta.
Este artículo es divulgativo y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional.